Avergüénzate, mujer

Avergüénzate, mujer

Avergüénzate, mujer 

  • Porque te dicen que no, pero estás sola
  • Porque te dicen que grites pero te tapan la boca cuando lo intentas
  • Porque te dicen que saltes pero te agarran de los pies cada vez que tomas impulso
  • Porque te dicen que sonrías pero te clavan alfileres cada vez que tu boca parece insinuar una sonrisa
  • Porque te roban la vida cuando quieren por ser mujer
  • Porque no te dan opción de defenderte
  • Porque la ley no te cuida como debería, como es su deber
  • Porque la sociedad no admite que no estás en igualdad de condiciones, ni laborales, ni económicas, ni personales

Rebélate, mujer

  • Porque no estás sola, y eso es lo que quieren que pienses
  • Porque sola tal vez no se te escuche, pero entre todas gritaremos fuerte y poderosas
  • Porque cuando no te queden fuerzas para saltar estaremos allí para darte impulso
  • Porque cuando todo parezca gris encontraremos un motivo para darle color a nuestras vidas
  • Porque no te robarán la vida si no se lo permites
  • Porque si sabes defenderte sola no necesitarás que nadie lo haga por ti
  • Porque si la ley no te cuida tendrás que cambiarla, cueste lo que cueste
  • Porque la sociedad cierra los ojos, como los cerraron 57 mujeres en 2015, 51 en 2014 y como los han cerrado más de una decena de mujeres en lo que va de año. Relegadas al olvido e incrustadas en nuestra historia como ‘Victimas de la violencia machista’. Porque ninguna de ellas quiso formar parte de esa lista.

Y te dirán que no puedes, y te dirán que no merece la pena, y que estás mal de la cabeza y que ves cosas donde no las hay… pero amiga, ni existen cuerdos felices, ni será un camino fácil pero la única opción restante es vivir conformándose con lo que ocurre. Y no sé si podremos, y lo dudo a cada palabra que escribo, porque sé que es complicado, pero me niego a cerrar los ojos como el resto.

Maquíllate, que estás más guapa

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Raquel no ha pegado ojo. Sin embargo, el despertador no se ha apiadado de ella y ha sonado a las 6:50 en punto como cada mañana. Hoy es jueves y no le apetece hacer nada. No le apetece pelear con el espejo. No le apetece maquillarse ni pensar en un conjunto “mono” para salir de casa. No se le antoja montarse, ni siquiera, en sus tacones favoritos, sobre los que no puede andar más de dos horas seguidas. Por supuesto, tampoco le apetece salir de la cama 50 minutos antes para prepararse para… ¿quién?. ¡Si trabaja en una oficina en la que no entra ni la luz del sol por una triste rendija!. Ella estaba bien, tal vez un poco ojerosa… pero nada que no pudiera despistar con una amplia sonrisa.

… o eso pensaba ella.

Así pues, como cada mañana, sale de casa directa al metro. Todo en orden, nadie la miraba extraño ni parecía haberse percatado de la pequeña espinilla que había comenzado a asomar en su mejilla izquierda. Nada se había caído e incluso iba mucho más cómoda en zapatillas. Tras un agradable trayecto, por fin llega al trabajo. “Prueba superada”, piensa, mientras se adentra en el ascensor del edificio en el que trabaja, lugar donde se topa con un par de compañeras.

– Pero niña, qué cara me traes. ¿Te pasa algo?, pregunta Carmen.

– No, solo… que voy sin maquillar. Me he despertado tarde y no me ha dado tiempo a…, empieza a justificarse, olvidando por completo sus pensamientos anteriores.

– Ya decía que te veía algo raro…

“¿Raro? raro … ¡Raro debería de ser ir pintada como una mona!”: piensa Raquel mientras se dirige a su mesa de trabajo, y abre el cajón en busca de un pinta labios y el rimel, ese que guarda para emergencias.

“¡Se feliz!”

Buenas noches. Pensaba tomarme más tiempo para preparar la segunda publicación pero el mundo se ha compinchado y la inspiración se ha paseado por aquí antes de lo previsto. El entorno de las redes sociales no deja de fascinarme. Y hoy os traigo un nuevo microrelato basado en hechos reales que seguro suena a muchas mujeres.


Maite está trabajando, a deshoras -como siempre-, y con un agujero en el estómago. Es hora de comer. De hecho lo es hace un buen rato, sin embargo se resiste a abandonar la mirada de la pantalla del ordenador. Sabe que en ese preciso instante perderá toda la concentración, esa que tanto le cuesta encontrar cada día. En un momento de despiste decide ‘surfear’ por las redes, a ver si se ‘cuece’ entre sus numerosos amigos internautas. Como suele ocurrir, en ocasiones se cuela alguna solicitud de amistad de gente que no conoce, y en este caso era el momento de toparse con una… muy curiosa:

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Inicio de la conversación

15:36

A: – hola como estas ¿se puede?
M: – ¿Te conozco?
A: – Que yo sepa no ….pero me pareciste una chica muy maja. Espero no molestar.

En ese momento… le molesta. Y piensa en responder mal. Pero claro, en seguida le vienen numerosas voces a la mente del tipo: “Pero si lo has aceptado tú, tu culpa”. “A ver, tampoco ha sido grosero, no hace nada malo por saludar”, “¡Malpensada!, pero tú que te crees”, “Bueno, elimínalo y listo, no te vayas a meter en un lío, no lo conoces de nada”. Entre mil y un pensamientos, al final, decide cerrar la red social y marcharse  a comer. El estómago se lo agradece.

Al final del día, una vez en casa, relajada, viendo el primer programa de telebasura que ha aparecido en la televisión -que ha encendido sin otro ánimo que el de tener algún tipo de compañía de fondo-, coge el portátil y decide revisar, de nuevo, sus novedades.

20:30
A: – Veo que si… disculpa pues
M: – No suelo hablar con gente que no sé por qué me agrega. Saludos
A: – Te agregue porque me pareciste maja como chica ….
A: – como imagen…. exterior. (Menos mal que lo aclara) 

“¿Por mi imagen exterior? ¡Esto es lo que me faltaba!”, piensa, sumamente molesta. Tras ver que su maravilloso plan de ignorar al intruso digital no ha servido de nada, y comprobar que el tipo en cuestión no se enteraba de lo molesto que estaba resultandole a una persona que no conocía de nada,  Maite se decide a contestarle e intentar explicarle lo que estaba haciendo mal. ¡Qué error!

M: – En fin, no sé que pretendéis la gente que creáis estas cuentas, y no sé si funciona o no pero de verdad, sois muy molestos. Gracias por eliminarme, te has adelantado.
A: – Ya sabes… menos mala leche y mas forza al canut (Esto no le queda muy claro) 
M: – ¿mala leche? Si no andaseis molestando a gente que no conocéis de nada no tendría que enfadarme.
A: – Si… es lo que has demostrado… es igual
A: – Pues si te enfadas por esto…. todo se explica
A: – Que vaya bien… que seas feliz y más alegre !
Atónita. Así queda Maite, sentada frente a la televisión que ya ni suena, con el portátil sobre las pantorrillas, y sin saber muy bien qué hacer… Claro, no le queda otra que esperar a la siguiente visita molesta. Seguro que tendrá pronto la siguiente. Y cierra el ordenador.