¿Cómo se le devuelve la sonrisa a quien se la han arrancado? ¿Cómo se le dice a una mujer a la que le han arrebatado las ganas de vivir -antes si quiera de haber empezado a hacerlo- que vaya a un juicio a escuchar que la culpa de haber sido ultrajada por cinco desconocidos es suya? ¿Cómo se le pide a un padre, a una madre o a un hermano o hermana que sigan adelante? ¿Cómo se puede seguir abriendo el debate en torno a unos hechos tan inhumanos? 
 
¿Ibas sola por la calle? ¿Les hablaste? ¿Por qué te fías? Seguro que fuiste sugerente, ¿o tal vez les calentaste demasiado? ¿Qué hacías sola a esas horas? Y, lo más importante… ¿qué pasa con los pobres hombres violados a diario? Sí, esos que nos oculta el Gobierno o ‘Dios’ porque hay un plan oculto para no sé todavía muy bien el qué. 
 
ANTE ESTAS LOCURAS QUE LEO, ESCUCHO Y ME ESCUPEN A LA CARA, RESPONDO:
 
No, no estas sola: Salvando las distancias a muchas mujeres nos duele el alma. Tengo un nudo en el pecho que no me deja respirar. Siento rabia. Rabia contenida al tiempo que trato de gritar lo que siento al mundo entero mientras cientos de manos me cierran la boca y tratan de hundirme e invisibilizarme una y otra vez. Esas manos que miran desde su cómoda silla como la vida del resto se pudre y se creen que pueden juzgar con la ley en la mano, como si la ley nos hubiera salvado antes. 
Perdemos el tiempo activando protocolos cuando el daño ya está hecho. Noticias de asesinatos a mujeres a manos de sus parejas o ex parejas (sí, aquellos que ellas decidieron que ya no estaban en sus vidas y por lo que tuvieron que pagar con lo más preciado que tenían), órdenes de alejamiento inservibles, dependencia económica y sentimental aderezada por el peso de la historia y de nuestra maldita cultura machista. La misma que provocará cientos de reacciones negativas tras la lectura de esta última frase.
Somos muchas, muchísimas mujeres en todo el mundo. Distintas razas, costumbres, tradiciones y lenguas. Distintos nombres. Distintos cuerpos y sobre todo personalidades. Pero compartimos algo a lo largo y ancho del planeta: la sociedad nos machaca o lo intenta. Lo intenta, y nos echa las manos a la boca tan pronto queremos gritar a los cuatro vientos que somos libres. No quiero protocolos, quiero dejar de escribir de lo mismo. Quiero dejar de enterrar a mujeres porque alguien ha decidido que podía arrebatárselo todo porque era suya. Quiero dejar de pelear con el mundo porque éste no entiende que está enfermo. Pero sobre todo, quiero ser libre, de verdad. Necesito pensar que podemos conseguirlo. Sino… nada de esto tendría sentido. 
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